Hola Natalia cuéntanos un poco más sobre ti, ¿Quién es Natalia Abdala más allá de ser abogada y empresaria yucateca? 

Soy una persona profundamente apasionada, persistente y determinante. Disfruto aprender de forma constante y asumir retos que me impulsen a salir de mi zona de confort. 

Me mueve la idea de crear cosas que generen un impacto positivo en los demás y en la sociedad; no sólo desde lo profesional, sino también desde lo humano. Estoy convencida de que todos tenemos la responsabilidad —y la oportunidad— de aportar algo valioso al entorno en el que vivimos, ya sea mediante nuestro trabajo, nuestras decisiones o la manera en que tratamos a las personas.

En mi caso, busco hacerlo tanto desde el ámbito legal, donde ejerzo mi profesión con disciplina y compromiso, como a través de proyectos como Nuup, que es un espacio que nace del cariño por los sabores, las experiencias y las conexiones humanas.

Imaginamos que tu experiencia como abogada también aporta mucho en la gestión del negocio, ¿de qué forma influye en tu día a día como emprendedora?

Mi formación jurídica me ha dado estructura, disciplina y una visión estratégica para tomar decisiones. Me ayuda a ver el negocio con claridad, a anticipar riesgos y a mantener orden en la administración. Pero también me ha enseñado valores, lealtad, respeto y a no rendirme ante las adversidades.

El derecho me ha enseñado el valor del esfuerzo y cómo, con dedicación y pasión, se logran buenos resultados. Me ha mostrado la importancia de la responsabilidad y del compromiso con lo que uno elige hacer. Todo eso lo llevo conmigo en el día a día, tanto en el despacho como en Nuup, porque al final ambos espacios comparten una misma base: la constancia, la entrega y la búsqueda de hacer las cosas bien.

Ambas carreras me han enseñado lo que significa amar profundamente lo que hago. En el derecho encuentro propósito y vocación; en la panadería, sensibilidad y creación. En ambos descubro esa pasión que da sentido al trabajo y que me impulsa a seguir creciendo con gratitud y entusiasmo.

Sabemos que abriste Nuup Panadería en un momento complicado, ¿qué te motivó a lanzar este proyecto durante la pandemia?

Durante la pandemia todos vivimos un momento de pausa, y para mí fue también un punto de reflexión. 

Amasar, hornear y crear se convirtieron en una forma de canalizar la incertidumbre y transformarla en algo positivo.

Comencé a entregar los panes a domicilio, cuidando todas las medidas sanitarias, y ese gesto tan simple me mantuvo vinculada con el exterior y con otras personas. 

Sentía que, al llevarles el pan hasta la puerta de sus casas, también les llevaba un poco de alegría y esperanza en medio de un momento tan difícil. Así nació Nuup, desde ese deseo profundo de reconectar con lo esencial, con lo que realmente nutre. 

Nos parece muy interesante esa transición de ser abogada a emprendedora en el mundo gastronómico. ¿Cómo fue para ti dar ese salto?

Más que un salto, ha sido una expansión. Sigo plenamente activa en el litigio. Nuup no representó un abandono de mi carrera jurídica, sino una forma de abrazar la dualidad de los dos mundos que me definen: el derecho, que me reta intelectualmente y me impulsa a buscar justicia y estructura, y la panadería, que me conecta con la creatividad, la emoción y lo sensorial.

Ambos, aunque parezcan tan distintos, me permiten enamorarme del proceso y ver la magia en el resultado: en uno, la satisfacción de alcanzar justicia; en el otro, la de crear algo que genera felicidad. Es retador, pero justo en ese reto es donde encuentro la pasión y el amor por lo que hago.

Seguramente enfrentaste varios retos al iniciar esta panadería en Mérida, ¿cuáles recuerdas que fueron los más desafiantes y cómo los superaste?

El principal reto fue arrancar en plena pandemia, con toda la incertidumbre, las limitaciones y el miedo generalizado que se vivía en ese momento. 

Pero también hubieron otros desafíos importantes: uno de ellos fue adentrarme en un mundo completamente nuevo para mí, como lo es la panadería y la gastronomía, especialmente en un estado donde la cultura culinaria tiene tanta fuerza e identidad.

Otro gran reto fue posicionarnos en una ciudad con tantas opciones de buena panadería y lograr abrirnos un espacio propio dentro del mercado.

Una de las partes más significativas ha sido formar nuestro equipo: encontrar personas que compartan nuestra visión, nuestros valores y ese deseo genuino de hacer las cosas con amor y cuidado ha sido un desafío, pero también una experiencia profundamente gratificante.

Cada integrante del equipo aporta algo único y da forma a lo que Nuup es hoy, porque, como siempre decimos, Nuup somos todos. 

Al combinar técnicas tradicionales con opciones modernas, ¿de qué manera logras mantener ese equilibrio en los productos de Nuup?

Creo que el equilibrio está en el respeto por la materia prima y en la intención con la que se hace el pan. Respetamos los procesos artesanales —como las fermentaciones largas y el uso de ingredientes naturales—, pero también buscamos innovar con combinaciones, presentaciones o ingredientes que sorprendan. Todo sin perder la esencia de lo simple y bien hecho.

Como mencioné antes, en Yucatán existen muchísimas propuestas de panadería de gran calidad, por lo que buscamos mantenernos siempre a la vanguardia. Esa búsqueda constante de crear, experimentar y ofrecer algo nuevo es, para mí, la parte más divertida de este negocio: la creatividad, la fusión de sabores y la posibilidad de sorprender y enamorar a través del pan.

La masa madre es una parte fundamental en Nuup. ¿Por qué decidiste trabajar con ella y qué significa para ti?

La masa madre representa, para mí, la esencia más pura y natural de la panadería. Es un fermento vivo, en constante cambio, que requiere paciencia, cuidado y respeto. Cuando empecé a trabajar con ella, entendí que el pan no es solo una mezcla de ingredientes, sino un proceso lleno de vida y de tiempo.

La masa madre son pequeños seres vivos que hacen magia absoluta: transforman algo tan simple como harina y agua en pan lleno de sabor, textura y carácter.

Además de sus beneficios —como una mejor digestión, mayor durabilidad y un perfil nutricional más equilibrado—, hay algo profundamente humano en observar cómo evoluciona día a día. Ahí fue donde el pan me cautivó por completo.

El nombre “Nuup” tiene un significado muy especial, ¿podrías compartirnos qué representa para ti y cómo se refleja en la filosofía de tu negocio?

“Nuup” viene del maya y significa “unión”. Representa la esencia del proyecto: unir tradiciones, personas y sabores. En Nuup buscamos crear un espacio donde todo se conecte —la técnica con la calidez, la calidad con la cercanía, lo artesanal con lo contemporáneo—. 

En Nuup nos encanta ofrecer pan delicioso, pero también creemos en todo lo que puede significar: una conexión, un momento, un recuerdo. 

Para nosotros, el pan no es sólo un producto; es ese domingo familiar, ese desayuno entre amigas, una celebración especial o incluso un pequeño refugio en un día difícil. 

Lo que más nos mueve es formar parte de esos instantes que acompañan la vida de quienes nos visitan; ahí es donde nuestro trabajo cobra verdadero sentido. 

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