
Fotografía: Ricardo Torres / @ricardotorresfoto / @comida_yucatan / @rt.cont

Jerome Steak Bistro, donde la experiencia sucede con naturalidad.
Cocina simple, salsas cocinadas “from scratch” a la perfección, inspiradas en el famoso libro de Auguste Escoffier y un ambiente relajado. Aquí no hay rigidez ni solemnidad, pero sí una clara intención de hacer las cosas bien.
UN SABOR HONESTO Y RECONFORTANTE
Ubicado en Plaza Townsquare, zona activa de restaurantes, se ha convertido en un punto de encuentro para comidas de trabajo, cenas entre amigos y celebraciones discretas, donde el protagonista es el Steak frites y una barra maravillosa en donde el after office se alarga sin esfuerzo.
La identidad del lugar se sostiene en ese equilibrio cada vez más valorado hoy: Un restaurante cálido, pero con estándar; cercano, pero bien estructurado.
Jerome no busca jugar a la moda del momento, su fortaleza está en la repetición, en convertirse en ese sitio al que se regresa porque se siente familiar, confiable y disfrutable.


El chef Yann Mungly llega para sumar identidad
En esta etapa, la cocina se afina con la incorporación del chef Yann Mungly, quien llega para sumar y reforzar una identidad ya bien definida.
Para él, Jerome tiene el potencial de consolidarse como el steak bistro francés en Mérida, desde la simplicidad hasta la experiencia completa.
“Una cocina bien hecha es aquella a la que la gente quiere volver: cuando hay consistencia, sabor y un buen servicio, el comensal lo siente”, comparte. Su visión del bistró contemporáneo privilegia la conexión humana por encima de la formalidad.
Cocinar en un espacio como Jerome, explica, es regresar a lo esencial: “Estamos volviendo a la humanidad. A la cercanía con los comensales. Aquí no se trata solo de clientes, sino de personas que se vuelven parte de la familia Jerome”. Como el integrante más reciente del equipo, destaca la relación genuina que se genera tanto dentro de la cocina como con quienes se sientan a la mesa.






MOMENTOS ESPECIALES
Para Yann, un restaurante se vuelve especial sin caer en la pretensión cuando se parte de principios claros: tratar bien a la gente, ofrecer precios justos, cuidar la calidad y poner amor real en lo que se hace.
Jerome continúa así consolidándose como un espacio donde la vida nueva de Mérida encuentra ritmo. Un lugar que no necesita ser explicado, porque se entiende al sentarse a la mesa.
Aquí, lo cotidiano se eleva con naturalidad.


Y eso es precisamente lo que busca que el comensal recuerde después de una visita: no solo un platillo, sino la experiencia completa.
“Aquí no vendemos comida, vendemos momentos: el servicio, el ambiente, la comida y cómo te hacen sentir”.



